El miscanthus es un cultivo socialmente responsable porque que no detrae recursos a la alimentación humana. Además, debido a sus características de coste de plantación y los dos años de crecimiento, no es un cultivo “oportunista”.
Es una plantación de muy larga vida cuya ventaja para el productor y el comprador es la estabilidad de su precio, que no está sujeto a una oferta y demanda fluctuante, sino que mantiene una notable resistencia a la variación de precios porque no le afectan los precios de otros productos agrarios, materias primas, plagas o meteorología adversa.

El miscanthus es un cultivo de futuro, puesto que ahora se emplea para su combustión en centrales térmicas o domésticas sustituyendo al carbón, pero cuando las investigaciones en curso comiencen a dar resultados positivos, será uno de los cultivos con mayor productividad para la fabricación de bioetanol.
Si en el futuro los automóviles no funcionan con gasolina, el miscanthus es una de las plantas con mejores condiciones para la fabricación de papel, ahorrando bosques y manteniendo viva nuestra agricultura y la industria papelera.

Para finalizar, es muy importante recordar que el miscanthus es rentable sin subvenciones, y puede competir con cualquier otro cultivo subvencionado, pero las primas para cultivos energéticos lo hacen aún más atractivo y mucho más si los productores se asocian creando sus propias plantas de generación, puesto que los gastos en transporte se reducen notablemente, aseguran el precio a más largo plazo y el valor añadido queda en los propios cultivadores obteniendo importantes beneficios adicionales como productor eléctrico.
Por último, la creación de minicentrales en las zonas de cultivo permite la inyección de potencia en la red de los núcleos rurales, zonas que suelen ser muy deficitarias en este aspecto. Realmente es difícil, casi imposible que un cultivo pueda dar más.